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Quiero un árbol de Navidad para las fiestas, pero… ¿natural o artificial?

La controversia está servida entre los que defienden la utilización de abetos naturales para las fiestas navideñas y los que esgrimen que eso es una tremenda salvajada, optando estos últimos por lo artificial. Sea como sea, argumentos no faltan a unos y a otros. ¿Qué utilizarás tú este año como árbol de Navidad?

Árbol de Navidad

Decoración típica en un árbol de Navidad

Si todavía no has adornado tu árbol con guirnaldas y luces de colores, a pesar de estar ya casi en época navideña, tal vez sea porque estas fechas te resultan indiferentes -vamos, “ni fu ni fa”- o quizás aún continúes dubitativo. Con este artículo espero ayudarte a romper esa tónica y decidir entre el plástico o las acículas naturales.

Pros y contras de los árboles de Navidad naturales vs. artificiales

Para ponerte en situación, te diré, que atrás quedaron los tiempos en que los bosques eran asaltados por hordas armadas con hachas. Hoy en día -al menos en España-, los árboles destinados a ornamentar nuestros salones durante las fiestas navideñas son cultivados especialmente para la ocasión.

Podemos entrar en discusión sobre lo ético del asunto. ¿Es civilizado utilizar a un ser vivo de esta manera y mantenerlo en condiciones tan desfavorables? Lo que está claro es que en la actualidad por lo menos se respeta nuestro medio natural. El árbol no se tala furtivamente, sino que es plantado y cuidado, bien en suelo o en maceta expresamente para su comercialización.

Los defensores del sí a lo natural subrayan la positiva contribución a la atmósfera de las plantaciones de abetos, piceas y pinos, mientras se encuentran en crecimiento. El cultivo de árboles de Navidad no solo no contamina y es un proceso totalmente renovable sino que además capta ingentes cantidades de dióxido de carbono, aportando oxigeno en su lugar.

Los árboles de Navidad hechos con materiales sintéticos, en cambio, suponen un consumo de materias primeras y una huella contaminante durante su producción -critican algunos-. Además de ser más complicado después su reciclaje.

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Sí es cierto que, en un inicio, estos simulacros de árboles implicarán un gasto considerable de energía y seguramente el consumo de materiales derivados del petróleo, así como la emisión de gases contaminantes -subproducto de todo proceso industrial-. No obstante, su vocación es la de ser guardados tras la Navidad y reutilizados año tras año; algo impensable con ejemplares naturales.

¿Por qué decantarse entonces?

Ahora “toca mojarse” y yo no voy a escaquearme. Mi opinión personal, repito que ésta es absolutamente subjetiva, es que en estos casos prefiero lo artificial.

A pesar de todo lo argumentado a favor de los árboles naturales, considero que no está en su naturaleza el resistir semanas en el interior de nuestros hogares: privados de luz, pasando sed y en un ambiente sofocante para ellos. La mayoría, pasado el periodo navideño y a pesar de encontrarse con todas sus raíces completas -los que vienen en contenedor, claro-, serán irrecuperables.

No en vano muchos ayuntamientos -como es el caso de Barcelona- que deciden recoger en puntos estratégicos estos árboles (habitualmente a partir del 7 de enero) lo hacen, no para plantarlos en los jardines de la ciudad, sino para triturarlos y utilizarlos como acolchado (mulching).

Tal fin, puede resultar decepcionante para un árbol que antes de entrar en nuestras casas estaba lleno de vida. Pero al fin y al cabo no es más que otra consecuencia de esta sociedad consumista. ¡Si lo de usar y tirar es válido para cualquier objeto de consumo, por qué no va a serlo para una planta!

No en todas las ciudades se opta directamente por el triturado. En Madrid, por ejemplo, seleccionan los mejores ejemplares para su recuperación a cuenta de los viveros municipales. Un abeto puede tardar más de un año en restablecerse del trance de unas Navidades en nuestra compañía, y esto contando con que el clima del lugar le sea favorable.

Hay que señalar que los abetos vendidos en la península proceden generalmente de especies centro europeas (no son autóctonos), por lo tanto no se deberán plantar en el monte sino exclusivamente en los jardines y otras zonas verdes de nuestras poblaciones. Además son de clima frío, por lo que esta circunstancia dificulta aún más el encontrarles una ubicación adecuada.

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Hasta aquí te he presentado los pros y contras de una y otra elección, además de confesarte mi opinión personal sobre el tema. Si a pesar de mis esfuerzos por convencerte, optas por un abeto natural como árbol de Navidad y deseas conservarlo tras las fiestas, procura mantener sus raíces hidratadas -recuerda que aunque parezca un adorno sigue tratándose de una planta-. Aléjalo todo lo posible de la calefacción e incluso ventila la estancia de vez en cuando. Agradecerá que sus arreglos luminosos no sean de origen incandescente -recibirá menos calor- y sácalo al exterior lo antes posible.

¡Te deseo feliz Navidad y un mejor año nuevo! Nos vemos después de las fiestas 🙂

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Soy , autor de este blog

Ser jardinero es algo vocacional en mí. Llevo ya 14 años dedicándome a la naturaleza, pero toda la vida cultivando esta pasión. Actualmente me encargo de una brigada que realiza trabajos de jardinería en la vía pública. Más sobre mí

11 comentarios en “Quiero un árbol de Navidad para las fiestas, pero… ¿natural o artificial?
  • Katerina dice:

    Gracias por el post, todo muy bien explicado.
    Tenemos un pequeño arbol artificial y me basta, la verdadera alegría de las fiestas viene de adentro, no de las decoraciones, creo 🙂

  • Marta dice:

    Del todo de acuerdo. Has hecho un planteamiento justo y razonado. Pero da pena que todo acabe siendo de plástico! Te has olvidado de un inconveniente de los naturales: el año que decidí por uno natural, barría cada día un montón de pinaza por la sala. En fin… para gustos colores.

    • Yo nunca he sido partidario de lo artificial, Marta; pero considero que si vamos a tratar a un ser vivo como un objeto, obviando totalmente sus necesidades, es mejor sustituirlo por algo inerte que cumpla la misma función. Así, seguro que no purgará sus acículas por culpa de la calefacción.
      Otra opción es la de olvidarse del árbol y contentarse con nuestro clásico Belén u otros adornos, o utilizar plantas más indicadas -como las poinsetias-; al fin y al cabo lo del abeto es una tradición que viene de fuera. Comprendo sin embargo que hayan otras opiniones, tan legítimas como la tuya o la mía.

  • PEDRO dice:

    En el año 2000 compré un abeto con cepellón. Durante las Navidades lo pulvericé a diario y mantuve el cepellón húmedo, alejado de radiadores. Cuando acabó la Navidad lo planté y agarró perfectamente. Me he mudado de esa casa pero de ese árbol ya tenía piñas y cuando me mudé vi que había nacido un hijo de alguna de las semillas y lo tengo de nuevo aunque es muy pequeño aún no tiene 40 cm, pero para mí ha sido una verdadera satisfacción. Espero al año que viene decorarlo, aunque sea en el jardín.

  • Teresa María dice:

    El ejemplo de Pedro me parece exelente, pero no todos tenemos esos conocimientos. Yo vivo en Uruguay, y no hay venta de abetos para las Navidades. Antes, cuando era pequeña, mis padres salían a buscar un gajo, jamás un árbol. No había mucha consciencia ecológica entonces. Recuerden que en estas latitudes la Navidad cae en verano y hace por lo general mucho calor. Hace muchos años que en mi casa tenemos un árbol artificial. El aroma del abeto no existe, pero el espíritu navideño se mantiene; armamos juntos el pesebre, decoramos el arbolito, y recordamos una vez más todo lo que tenemos que agradecer, sin dañar a ningún ser vivo. ¡Feliz Navidad para todos, lo mismo para tí, José Manuel, y tu familia!

  • Mario C paisajista dice:

    Pasaba a felicitarte las fiestas, un abrazo muy grande.

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